Marzo de 2018 estuvo lleno de noticias sobre el envenenamiento en Salisbury (Reino Unido) con un componente tóxico nervioso del ex-doble agente ruso Serguéi Skripal y de su hija, Yulia Skripal. Este acto de agresión, que el Reino Unido considera “altamente probable” que sea atribuible a Rusia, dio lugar a una severa reacción occidental de condena, con la expulsión de diversos países de más de 150 diplomáticos rusos – una reacción sin parangón que nos ha hecho recordar la Guerra Fría. Esta respuesta merece ser analizada para comprender mejor las distintas dimensiones del caso y los diversos aspectos de las relaciones internacionales que entran en juego.

En las relaciones internacionales no hay “santos”, pero las acciones rusas han sido consideradas cada vez más descaradamente agresivas. Se podría decir que esta tendencia empezó en 2008, cuando Rusia, crecientemente incómoda por la expansión de la OTAN al Este -algo que Moscú sostiene que se le aseguró, con ocasión de la reunificación alemana, que no iba a ocurrir-, optó por ocupar Osetia del Sur en Georgia. Este “mensaje” se reforzó en 2014 con la anexión de Crimea, poniendo fin así a cualquier especulación sobre la oposición rusa a la expansión de la Alianza. Las agresiones directas e indirectas han continuado a través de diversas operaciones híbridas y de desestabilización.

El uso de un arma química en territorio británico constituye un salto cualitativo. Los 29 Estados que han expulsado a diplomáticos rusos lo han hecho como muestra de solidaridad con el Reino Unido y para mandar a su vez un claro recado a Rusia: sus actos tendrán consecuencias. Han reaccionado así porque también ellos se han sentido agredidos. Un número importante de entre ellos ha sufrido acciones rusas a diferentes niveles: unos, como los bálticos, sienten la presencia de tropas rusas cerca de sus fronteras; otros, como Ucrania, las tienen en casa; y unos terceros, como Estados Unidos o España, han sido objeto de acciones de desestabilización que han afectado a su política interna.

El ataque contra los Skripal ha transgredido diversos códigos. Se ha infringido la normativa sobre armas químicas. También el “código de conducta” –que existe- sobre espías, pues Serguei Skripal había sido objeto de un intercambio. Además esta acción ha puesto en riesgo a numerosos ciudadanos británicos. Por todo ello, lo acontecido en Salisbury ha tenido gran eco en foros diversos de la comunidad internacional.

Estados Unidos ha desempeñado un papel relevante a la hora de “magnificar” la respuesta occidental. Washington ha insistido en que el ataque ponía a prueba la unidad de Occidente. Y esto en un momento de fragmentación y fragilidad a causa del nacionalismo creciente, que ha dado frutos como el Brexit, y del riesgo de nuevos aislacionismos, como el que a su manera promueve el Presidente Trump- quien ha cuestionado la OTAN y mantiene además una peculiar relación con Vladimir Putin. En este contexto, la medida estadounidense de expulsar a 60 diplomáticos (37 más que Reino Unido) y cerrar el consulado ruso en Seattle, podría estimarse como una apuesta decidida por la unidad de Occidente frente a lo que se considera un acto de agresión. No obstante, cabe también preguntarse –y algunos lo han hecho- si con la dureza de la medida no se ha tratado de algún modo de acallar los rumores sobre la debilidad de la posición del presidente Trump frente a Rusia.

La lección en cualquier caso, para todos, pero especialmente para un Reino Unido inmerso en el Brexit, es que el mundo es hoy multipolar y precisamente por ello se refuerza la necesidad de alianza, resiliencia, cooperación y solidaridad. Surge una pregunta todavía sin respuesta: ¿habrá sido suficiente esta reacción occidental para intimidar a Rusia? Lo dudo. Moscú, en el corto plazo, la ha presentado como otro acto más de agresión gratuita contra Rusia, lo que no ha dejado de ser útil para la reelección del presidente Putin; en el largo plazo –porque las potencias siempre trabajan con las luces largas, Moscú analizará lo acontecido para buscar nuevas piezas débiles en el tablero internacional -¿los Estados de la Unión que decidieron no expulsar a nadie?- antes de efectuar nuevos movimientos. En ajedrez, las partidas se ganan mucho antes de llegar al jaque mate.

María Villarino, diplomada en Seguridad Internacional (Universidad de St. Andrews)

Países donde se han producido expulsiones de diplomáticos rusos (Sputnik News)

Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor. Sus conclusiones no deberían ser interpretadas necesariamente como un reflejo de nuestros puntos de vista.

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