La Estrategia de Seguridad Nacional es un alegato trumpiano que puede ser catalogado de nacionalista, pues busca el interés nacional de los EE.UU. El nacionalismo norteamericano es a Trump lo que Trump a este nacionalismo, que no es como el nacionalismo europeo. Es, más bien, un fuerte patriotismo, un poderoso sentimiento nacional, que a diferencia del nacionalismo europeo, que le hace ir a la conquista del mundo, paradójicamente, tiende a ser aislacionista y preservacioncita de su modelo y valores de vida y economía –mercantilismo-. Solo hasta que gana peso en el establishment, la otra facción, la intervencionista.

Pretende propiciar el repliegue del hegemón, identificando las áreas en las que, sin embargo, podrá intervenir legítimamente bajo el paraguas de “América Primero” (America First). Básicamente, en todo lo que EE.UU. interprete que pueda afectar al statuo quo internacional, y sobre todo, con la mirada en los afanes de Rusia y de China de alterarlo por la vía de los hechos físicos -invasión rusa de Crimea y de Ucrania y actos de soberanía chinos en el Mar de la China-, o por la vía de ciber-hechos (ciberataques), de la nueva “cibercilización”. La Estrategia, que identifica cuatro áreas de interés nacional sobre todo, sitúa a la economía, en particular la seguridad económica, como parte integral de la seguridad nacional (Economic Security is National Security). Es consistente con la retirada de EE.UU. del Tratado Transpacífico (TPP).

Llama la atención es que no se mencione la Unión Europea salvo una vez. A EE.UU. le interesa una Europa fuerte y libre, y asocia este deseo a sus dos grandes temores presentes en todo el documento: Rusia y China. Trump les califica de poderes rivales en sus discursos. ¿Les ha equiparado a Estados Unidos? ¿La Unión Europa se debe entender sólo en función de China y Rusia. En lo que se refiere a Europa, habla de Rusia como amenaza a las instituciones europeas (¿las comunitarias, las nacionales?) y de China, como riesgo para el comercio justo y libre y de que acceda a conocimientos de alto valor añadido.

Las prioridades de acción de Washington hacia Bruselas se resumen en tres:

  • Político: profundizar en la colaboración con los aliados y socios europeos para contrarrestar a Rusia (“estado revisionista”), así como en los foros internacionales –parece increíble después de la decisión unilateral de ejecutar el acuerdo del Congreso de EE.UU. de que Jerusalén sea la capital de Israel, o de retirarse del Tratado del Cambio Climático-.
  • Económico: se menciona una sola vez a la Unión Europea, para decir que EE.UU. trabajará con ella en favor de un comercio con prácticas justas y reciprocas –no dice comercio libre-, sin barreras al crecimiento –pero no dice barreras comerciales-, y, condicionando toda inversión europea en EE.UU. a la creación de puestos de trabajo en EE.UU. Además, dice que trabajarán con los europeos para contrarrestar la influencia comercial e inversora China en la región.
  • Seguridad y la defensa: vuelven a relanzar el mensaje de que los europeos deben aportar más al presupuesto de la Alianza Atlántica (el 2% de su PIB para el 2024, dedicando el 20% a la adquisición de capacidades); relanzan su compromiso con la defensa y disuasión en el flanco este de la OTAN, contra ciberataques, así como con capacidades contra misiles balísticos y de crucero – desde Irán, literalmente, mencionado como “estado gamberro”-.

En conclusión, los EE.UU. necesitan una Europa unida, para, por un lado, poder concentrarse en contrarrestar a China en su salida hacia el siglo XXI, y por otro lado, a Rusia, como el imperio continental que quiere seguir siendo (teoría del Heartland, de Mackinder). Son conscientes de que Europa puede ser un nuevo rival, pero lo perciben sin brío y controlable. Para ellos puede tener cualquier forma jurídica. Asumen que les hará sombra en algunos aspectos. A veces nuestro amigo americano olvida, y nosotros le ayudamos a esto, que entre ambas orillas del Atlántico tenemos el 12% de la población mundial, más del 50% del PIB mundial y el 33% de los intercambios comerciales. Lo relevante para nosotros, europeos, es que no son capaces de decantarse por apoyar un modelo u otro de integración europea –Confederación, Unión Económica, Federación,…-, y tampoco sus estructuras de poder se ponen de acuerdo de qué versión del Viejo Mundo –expresión europea, por cierto- quieren. Europa está llamada a ser algo más que una comparsa americana frente a China o Rusia.

Ángel Satué de Córdova, director del foro Sociedad Global y colaborador del grupo de trabajo sobre tendencias en la seguridad y defensa del Real Instituto Elcano

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