Desde hace años, los estrategas navales de la República Popular China se han visto bloqueados y constreñidos por lo que ellos mismos denominaban “Primera Cadena de Islas”, un conjunto de bases y enclaves en países amistosos a los Estados Unidos desde los que se podría bloquear el tráfico marítimo de la China continental. La ruptura de esta cadena, preferiblemente logrando la reunificación con Taiwán, que es considerada como la clave de este dispositivo, era el escenario estratégico deseado por China.

Sin embargo, los acontecimientos superan muchas veces los planeamientos y perspectivas estratégicas mejor elaboradas, y un eslabón débil ha aparecido inesperadamente en la cadena. Filipinas es una de las bases de proyección de poder norteamericano en Asia desde que fuera arrebatado a los españoles en 1898, y no parecía que dicha situación fuera a cambiar hasta la reciente elección del presidente Rodrigo Duterte. Sus políticas populistas, y su persecución del narcotráfico y la delincuencia por medios extrajudiciales y contrarios a los Derechos Humanos, le valieron las críticas de Occidente pero el apoyo de las clases populares filipinas. Tras varios incidentes y desencuentros con el ex-presidente Obama, sorprendió a toda la comunidad internacional reorientándose hacía China.

Si este cambio geoestratégico en la política filipina continúa en el tiempo, la “Primera Cadena de Islas” que constreñía al gigante asiático se encontraría rota, precisamente, por su flanco más importante. Desde Filipinas, y desde las bases artificiales que ha venido construyendo en el Mar de la China Meridional, la República Popular se acerca a Singapur y al estrecho de Malaca, considerada como “la brecha de Fulda del mundo multipolarizado del siglo XXI”, y que es clave en la estrategia de bases conocida como “El collar de perlas”, que China viene estableciendo con la intención de asegurar sus suministros de materias primas, especialmente desde el Golfo Pérsico.

Este nuevo movimiento en el gran juego geopolítico de Asia podría revivir el miedo a la teoría del efecto “dominó, que en el pasado ya influenció las intervenciones norteamericanas en Asia, especialmente en Vietnam. No debemos olvidar que, en la mayoría de países del sudeste asiático, se encuentran importantes minorías chinas, muy influyentes económicamente, especialmente en Singapur, dónde la mayoría de la población es de etnia china. Queda pues sólo por ver la reacción de los Estados Unidos y de sus aliados en la región, especialmente de Japón y Australia; pero tampoco debemos olvidarnos de la India, el otro gigante asiático, que también asiste vigilante a los movimientos de la potencia china. ¿Serán capaces de restablecer la Primera Cadena de Islas o será necesario plantear un repliegue estratégico a la Segunda Cadena?

Eliseo Fernández Fernández, Politólogo y analista de Seguridad y Defensa