El territorio de la península de Corea mantiene una situación de auténtica anormalidad, y en estos momentos sin solución de continuidad. Dicha irregularidad emerge con la guerra chino-japonesa que supone la presencia del imperio japonés en su territorio a comienzos del siglo XX y hasta el final de la II Guerra Mundial, pasando por la Guerra de Corea y el Armisticio de 1953. El relato construido sobre su realidad, se ha circunscrito a las consecuencias derivadas de la Guerra Fría, el conflicto armado y la consecuente firma del armisticio de 1953, (del que este año se cumple su 65 aniversario); una narrativa que obvia que la propia península de Corea carece de voz propia desde mucho antes.

En estos momentos, y tras la apertura de una nueva ventana de oportunidad tras la imposición de un nuevo régimen sancionador a Corea del Norte –con el apoyo ante el Consejo de Seguridad de su socio estratégico, China- y la llegada al poder del nuevo líder surcoreano  Moon Jae-in, tenemos, una cierta distensión entre las dos caras de una misma moneda, y con un texto firmado por ambas partes como es la “Declaración de Panmunjom por la Paz, Prosperidad y Unificación de la Península Coreana”.

Se ha generado un compromiso por ambas diplomacias en cuestiones de gran sensibilidad para los ciudadanos coreanos como es la separación de familias debido a la guerra (el actual líder surcoreano proviene de una familia refugiada norcoreana), y por tanto la reactivación del programa de reunión de familias separadas. También en aspectos más prácticos como pueden ser la posible puesta en marcha de programas de modernización de las infraestructuras coreanas que permitan a la propia Corea del Sur estar conectada con el continente asiático para la actividad comercial (Las línea ferroviaria Gyeongui que conectaría con ferrocarril chino que llega a Europa y la línea ferroviaria Donghae que haría lo propio con el transiberiano ruso).

 A su vez, la participación conjunta en los próximos juegos asiáticos de 2018, o en el compromiso del Presidente Moon Jae-in en visitar Corea del Norte, este próximo otoño. Así mismo no llevar a cabo acciones de agresión o tensión, y, de una efectiva búsqueda de la paz entre ambas naciones, cuestión en la que se ven implicados terceros países caso de China y EEUU quienes tienen la responsabilidad de dar por finalizado el conflicto de Corea. En esta misma línea de actuación, las conversaciones mantenidas por ambos líderes coreanos se han centrado en el proceso de desnuclearización de la península coreana (en estos días, el régimen de Corea del Norte ha señalado su firme intención por cerrar la base de Punggye-ri, como centro de pruebas nucleares), cuestión que para el líder surcoreano resulta de sumo interés, lograr la progresiva desnuclearización de la península asiática, y como no, el cumplimiento del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares sin chantajes alguno. La posterior reunión del Presidente Trump con el líder de Corea del Norte ha supuesto también un avance en la distensión.

Bien, pero ¿qué se piensa hacer ante la anomalía que ya dura más de cien años en esta península asiática?. ¿Qué nuevo papel jugarán el resto de los actores intervinientes en la crisis de la península de Corea? A corto plazo los objetivos son claros en este año 2018, sin embargo persiste una cuestión como es la fractura artificial de un espacio humano como es el coreano. La declaración de Panmunjom, puede ser un primer escalón para la construcción de un posible y novedoso relato de la península coreana, que vaya poco a poco tejiendo las diferentes costuras de separación, pero también generando una voz única frente a la anomalía existente.

Fernando Martín Cubiel, Cátedra de Paz, Seguridad y Defensa (Universidad de Zaragoza) 

Análisis Nº191 | Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor.

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