Desde el final de la Segunda Guerra Mundial y durante la Guerra Fría, Francia ha luchado por mantenerse como figura importante en el escenario global. Y en este esfuerzo siempre vió a Estados Unidos como la fuerza central que intentaba disminuir su papel. Los intereses en Oriente Medio por su parte, no han cambiado sustancialmente, basados en la existencia de una estabilidad regional, de un buen “mercado” de ventas de armas, así como de unos fiables proveedores energéticos.

Los datos de 2014 reflejaban la dependencia gala en el consumo de petróleo ya que cerca del 42% provenían de Oriente Medio, mientras que una quinta parte del consumo de gas era de esta área geográfica. Barah Mihail señala que durante 2003-2012, Francia fue el tercer mayor inversor externo en Oriente Medio, representando el 6,2 por ciento del total de la inversión extranjera directa (IED) en la región. Durante ese período, invirtió un total de 58.000 millones de dólares: 24,6 mil millones en recursos y manufactura del petróleo; 8 mil millones en manufacturas no provenientes del petróleo; 12,6 mil millones en servicios comerciales; y 13 mil millones en bienes no comerciales. Respecto al papel de la venta de armamento en el área deja datos sumamente interesantes, entre ellos su papel de exportador de armas en la región ya que entre 2005 y 2010 se situó como tercer mayor exportador de armas. Los datos del propio Ministerio de Defensa francés expresaban bien a las claras que el 48% de sus exportaciones tienen como destino entre otros a Oriente Medio: Arabia Saudí representaba el 27,5% del total en 2013, junto a Catar, Omán entre otros. En 2015, Francia también acordó la venta de treinta patrulleras rápidas a Arabia Saudita, sin olvidar que, desde 2009 cuenta con una base militar en Omán llamada “Campo de Paz”.

Mariano Aguirre, director del Norwegian Peacebuilding Resource Centre de Oslo afirma que la política exterior francesa está configurada sobre tres pilares. El primero es la excepcionalidad, similar a la que tiene Estados Unidos, y la misión civilizatoria en la promoción de los derechos humanos y la democracia. El segundo es su participación en el sistema multilateral, donde tiene responsabilidades como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Francia busca que sus acciones, por ejemplo intervenciones militares, cuenten con el respaldo multilateral. Esto implica compatibilizar la idea de excepcionalidad con las reglas de las Naciones Unidas. El tercero es ser miembro de la Unión Europea.

En marzo de 2016, François Hollande concedió al príncipe heredero de Arabia Saudí la Legión de Honor, la mayor distinción posible francesa y un reconocimiento que solo se otorga a las personas que hayan realizado méritos extraordinarios. Una acción que representa la buena sintonía del estado francés con el reino saudita, anteponiendo la cuestión de los derechos humanos frente a sus prósperos negocios armamentísticos entre ambos países así como su lucha conjunta contra el Daesh.

En estos momento, resultará muy interesante seguir de cerca cómo se desenvolverá el presidente Macron en la defensa y promoción de los intereses galos, la posibles fricciones entre uno de sus mejores aliados en la región, como es Arabia Saudí e Irán, junto a la nueva presencia de EEUU, bajo la administración Trump.

Fernando Martín Cubel, Cátedra de Paz, Seguridad y Defensa de Zaragoza

Imagen: AP / AFP / Getty Images

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