Tras la disolución de la URSS en 1991, han sido varios los intentos de Rusia por establecer algún tipo de integración entre las economías de las nuevas repúblicas independientes ex-soviéticas. Todos los intentos resultaron fallidos hasta que Rusia, Kazajstán y Bielorrusia establecieron en 2010 una Unión Aduanera. Esa Unión Aduanera fue ampliada y reforzada en enero de 2015 estableciéndose la Unión Económica Euroasiática (UEEA) en la que, además de los citados 3 países, participaba Armenia. Más tarde, en agosto de 2015 se incorporó Kirguistán.

Los países de Asia Central han dudado sobre la conveniencia de incorporarse a la UEEA por no tener certeza en cuanto a la intención última de Rusia al promover el proyecto. Recelaban – y siguen recelando – de que se trate de un proyecto no sólo económico y comercial, sino que tenga ambiciones geopolíticas, como instrumento de Rusia para consolidar una esfera de influencia en el espacio ex – soviético. Por el momento, ni Uzbekistán, ni Turkmenistán, ni Tayikistán han manifestado interés por integrarse en la UEEA, aunque Tayikistán podría inclinarse a ello si Moscú le presiona imponiendo restricciones a la migración tayika en Rusia, fuente fundamental de remesas que son vitales para la frágil economía de Tayikistán (30% del PIB).

La UEEA se configura, en parte, siguiendo el modelo de la Unión Europea (UE). Hay una Comisión, basada en Moscú, como órgano ejecutivo supranacional que desarrolla y pone en práctica las políticas y disposiciones de la UEEA. Existe, igualmente, un Consejo, como órgano intergubernamental en el que las decisiones se adoptan por consenso. Finalmente, un Tribunal de Justicia, con sede en Minsk. A diferencia de la UE, la UEEA no tiene, por el momento, Parlamento, ni fondos estructurales para el desarrollo regional.

Se está aún lejos de lograr un mercado común. Existe libertad de movimientos para los nacionales de la UEEA pero, puesto que no hay una política común de visados, no es previsible la desaparición de los controles fronterizos interiores. No hay planes para una política agrícola común, pero sí para un mercado único eléctrico en 2019, de gas y petróleo en 2025.

Su inicio en enero de 2015 coincidió con las crisis experimentadas en la economía rusa y en las demás economías de Asia Central, tan dependientes de aquella. El desplome de los precios internacionales de las materias primas (particularmente el petróleo) y la caída del rublo ruso arrastraron a las economías de Asia Central a una crisis, agravada por devaluaciones muy significativas (de hasta el 50%) de algunas divisas nacionales, como el tengue kazajo. No obstante, la lógica, a largo plazo, de la integración económica euroasiática sigue siendo fuerte, y la opinión pública, en los cinco Estados miembros, se mantiene favorable al proceso.

En todo caso, hay obstáculos que no serán fáciles de superar hasta conseguir un correcto funcionamiento de la UEEA. El primero de ellos es la enorme asimetría existente entre la economía rusa y las del resto de los integrantes de la UEEA. El propio dominio que ejerce Rusia es un obstáculo para que avance la integración. Rusia aporta más del 80% del PIB, de la población, del territorio y del comercio global de la UEEA. El funcionamiento de la Unión Económica Euroasiática se ve sujeto, con más frecuencia de la deseable, a decisiones económicas que Rusia adopta unilateralmente e intenta imponer al resto de los EE.MM. Tampoco será fácil dejar atrás un largo y pesado legado de tensiones económicas y comerciales entre los integrantes de la UEEA que tienen un notable historial de guerras comerciales, a veces abiertas, a veces disfrazadas bajo la imposición de barreras técnicas al comercio.

Manuel Larrotcha, funcionario público

Share