En los veintisiete años que España lleva participando en misiones internacionales, se han ido aumentando paulatinamente su operatividad, complejidad y eficacia, teniendo en cuenta todos los factores que la rodeaban. Pero uno de ellos, que fue relegado a un segundo plano, se ha manifestado con el paso del tiempo como importante y decisivo a medio plazo para el propio personal de las unidades desplegadas. Se trata del papel de las familias que se quedan en casa.

Los datos son los siguientes: las misiones internacionales han pasado a ser de cuatro a seis meses de duración; han pasado de tener un descanso de 7 a 10 días a mitad de misión, (con la posibilidad incluso de poder visitarles en algún lugar cercano al sitio donde se encontraban desplegados), a hacer misiones más largas, del “del tirón”, llegando a los seis meses. ¿Cuáles son las consecuencias? Con los datos encima de la mesa, las consecuencias evidentes no se han hecho esperar: rupturas familiares, aumento del número de divorcios, cansancio psicológico y físico del militar desplegado, y trastorno de la vida familiar, especialmente de los hijos pequeños.

Se argumenta que el principal motivo de esta medida ha sido por el ´bien de la misión´, por la operatividad y la funcionalidad. Pero resulta muy sorprendente que el resto de países de nuestro entorno continúen teniendo ese regreso tan beneficioso para el militar y para su familia, y en España no. ¿No será una cuestión económica? Si así es, ¿por qué no se permite que el militar desplegado en zona, que se pagara su vuelo y pudiera venir a mitad de misión como nuestra vecina Portugal? Cabe pensar que si la causa es la “operatividad” de la misión, sin duda países como Italia, Portugal o Alemania, por ejemplo,  no estarían contribuyendo adecuadamente al buen fin de ésta. 

Conviene recordar que las misiones en el exterior están formadas por militares profesionales, de vocación, cuya estabilidad psicológica es básica y necesita entrenamiento, resistencia, cuidado. El estrés ambiental y la tensión a la que están sometidos en los conflictos armados esos hombres y mujeres, hace que sea imprescindible la prevención y un cuidado extra de sus motivaciones. Si éstos no están bien, la misión no puede salir bien. Y este cuidado no sólo debe centrarse en ellos, si no sus familias.

En EEUU, por ejemplo, existen diferentes estudios contrastados que muestran el estrés al que están sometidas las familias de los militares, especialmente los niños, quienes manifiestan comportamiento de rechazo hacia el militar desplegado, pesadillas, miedos, vuelta a conductas de la infancia y otros tipos de trastornos mentales leves. En el caso de las empresas multinacionales, saben bien que para que el proceso de expatriación de sus directivos se realice correctamente, la situación y el apoyo del cónyuge es fundamental.

Los cónyuges o las parejas que se quedan en casa, viven unos meses muy tensos también, por la necesidad de duplicar sus esfuerzos físicos y psicológicos, de hacer conjuntamente “de padre y madre”, en la mayoría de los casos poniendo a prueba tanto la estabilidad de la persona como de la relación de pareja. Las elevadas cifras de separaciones y divorcios se podrían evitar con una ayuda y orientación adecuada.

En el caso de España, al no estar desarrollada una red de apoyo desde el Ejército como las existentes en otros países, se une la sensación de soledad, y se sufre notablemente el ´no reconocimiento´ del resto de la sociedad a la labor desempeñada por los militares. Por ello, si esos hombres y mujeres desplegados ven cómo se derrumba su familia, no podrán entregarse 100% a la misión, y se da como resultado el síndrome del “militar quemado”.

Es preciso señalar que desde la Dirección de Asistencia al Personal del Ejército de Tierra, se ha puesto en funcionamiento una red de apoyo a las familias de los militares desplegados, pequeños pasos en muy buena dirección. A ello unimos la facilidad que existen en la mayoría de las zonas para contactar con los familiares mediante internet, teléfono y otros medios tecnológicos, que acercan y facilitan la vida familiar en la distancia. Los envíos de paquetes contribuyen enormemente a mejorar el ánimo, tanto del militar como de las familias, pero hay determinadas bases en las que la logística es mucho más complicada que en otras, y sería preciso mejorar este punto.

Está demostrado que el descanso en la mitad de la misión beneficia tanto a las familias como a los propios militares, y por tanto, redundará en un desarrollo óptimo y adecuado, tanto de la propia misión como de la eficiencia y eficacia de su actividad a largo plazo. Dado que este no es un tema superficial, esperamos que sea motivo de debate en la Comisión de Defensa y que el nuevo Gobierno tenga en cuenta un asunto de tanta relevancia. 

Verónica Domínguez, analista especializada en mujer, familia y Fuerzas Armadas

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Imagen: Efe / AME
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