La situación Siria desde 2011 no ha hecho nada más que empeorar. Lo que empezó como una manifestación pública pidiendo la paz, terminó siendo una de las guerras más sangrientas de Oriente Medio. El resultado de esta guerra que todavía no ha acabado es un número enorme de refugiados y desplazados provenientes de Siria, la mayoría mujeres. Las mujeres sirias desempeñan un papel muy importante en el levantamiento contra el régimen de Al-Assad ya que no son solo las líderes de las huelgas y de las protestas sino que también proporcionan ayuda médica y humanitaria en las calles cuando más se necesita.

Las mujeres se involucran en la construcción de paz principalmente porque, al haber sufrido discriminación y opresión por parte del estado, sienten que esta es la forma de ganar reconocimiento social. Lo que pretenden con su lucha es conseguir el alto al fuego y ser incluidas en las negociaciones de paz para poder conseguir su meta; la justicia y la igualdad. Estos esfuerzos son bastante criticados y considerados como “idealistas”.  La sociedad no solo los consideran inefectivos e inútiles sino que muchas mujeres afirman que su principal prioridad no debería ser el conseguir la paz en Siria sino sobrevivir. Cierto es que estas críticas tienen sus fundamentos. La construcción de paz no es una prioridad en sitios como Damasco o Aleppo, donde hay bombardeos a diario, por lo que esta situación hace imposible la realización de estas actividades ya que es poner en peligro muchas vidas.

Lo que impide que los esfuerzos de estas valientes mujeres den su fruto son las dificultades y los desafíos que se encuentran por el camino. Primero, el ya mencionado conflicto armado. Es prácticamente imposible empezar una transición pacífica cuando parece que los actores externos se benefician del conflicto y no tienen interés en pararlo.  En segundo lugar, la primacía del hombre en la toma de decisiones en Siria, hace que en muchos países árabes estas mujeres que participan en este proceso de paz sean acusadas de negligencia en sus labores domésticas, de malas esposas y de malas madres. A parte, muchas de estas activistas han sido torturadas e incluso violadas. Por último, el desafío económico y la falta de recursos, si no existe ninguna ayuda económica estas actividades no se pueden llevar a cabo. Las intenciones de proporcionar ayuda humanitaria son la prueba de la buena fe de estas activistas, pero si no hay un actor económico detrás apoyándoles es imposible.

Desgraciadamente, por ahora no hay éxitos visibles, pero todos estos esfuerzos no son en vano. Las mujeres sirias quieren hacer historia en los tratados de paz y van por buen camino. Lo que tratan de hacer es crear conciencia de la situación por lo que desobedecen normas, intentando llamar la atención de aquellos que dirigen el país. Algunos ejemplos de estas acciones han sido teñir de rojo el agua de las fuentes públicas simulando que es sangre o sellar las puertas de los edificios gubernamentales. Las mujeres suelen estar vistas como inofensivas por lo que se aprovechan de esta situación y transportan suministros básicos sin ser interrogadas en el control de seguridad.

Aunque el progreso es favorable, lo que más necesitan es el apoyo de la comunidad internacional. Como bien se ha mencionado, la financiación es uno de los problemas más importantes, por lo que, para que puedan recibir ayudas económicas, las mujeres deben de ser reconocidas como actores no simplemente como un factor. En Siria son las mujeres las que primero salen a la calle para protestar, por lo que su fuerza, su valentía y su voluntad de cambio deberían de ser apreciadas y reconocidas.

Mar Cánovas Bilbao. Estudios Internacionales (Universidad Autónoma de Madrid)

 

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