Con motivo del día de la mujer, el Ministerio de Defensa homenajea y resalta el papel de la mujer en las Fuerzas Armadas, máxime cuando su máxima responsable, es de nuevo una mujer, Mª Dolores de Cospedal. Sin embargo, nos gustaría hacer mención a otra dimensión de esta fecha. Se olvida de una numerosa parte de mujeres que también forman las FAS: nos referimos a las esposas de los militares, la retaguardia del hogar.

Las esposas y parejas de oficiales, suboficiales, marineros y soldados son mujeres orgullosas del trabajo y servicio que ellos desempeñan, muy formadas académicamente, y que en muchos casos renuncian a sus posibilidades profesionales por seguir al militar en el desempeño de su vocación. No se cuenta pero conviene comentarlo: este apoyo implica mudanzas continuas, cambios de destino -en muchas ocasiones a mitad del curso escolar- y sobre todo, su abnegación y aceptación durante los aproximadamente seis meses que ellos permanecen de misión internacional, jugándose la vida por nuestro estado de bienestar.

Hasta décadas recientes, la esposa de un militar aceptaba felizmente todos los cambios que pudieran sobrevenir fruto del trabajo de su marido, contando además con un amplio apoyo, tanto social (reconocimiento del mundo militar), como logístico (casas militares) o económico.

Pero en la actualidad, las mujeres tienen que compaginar sus aspiraciones profesionales fruto de su formación, con una vida militar donde continúa la elevada movilidad geográfica, habiendo suprimido el apoyo necesario de la logística, con sueldos más bajos y sin reconocimiento social ni político. No basta airear la encuesta del CIS que dice que las Fuerzas Armadas están “bien valoradas”. Así es: cuando sale gratis y no molestan es lo que se espera. Difícil tarea.

Las consecuencias no se han hecho esperar: muchas mujeres han renunciado a sus trabajos por seguir a sus maridos en el desempeño de su vocación, con lo que este sacrificio ha supuesto para ellas; mujeres que se encuentran solas en una ciudad nueva sin el reconocimiento social al trabajo de su marido, mientras éste está seis meses en Irak, Afganistán o Líbano; mujeres que deben hacer de padre y madre ante el impacto psicológico que implica para un niño la separación durante seis meses de su padre; mujeres que cuando su maridos consiguen un destino laboral del que no moverse, no pueden incorporarse al mundo del trabajo porque “ellas ya son mayores”…

Ante ello, los datos nos revelan unas consecuencias que merecen ser tenidas en cuenta: un aumento de los divorcios y separaciones dentro del Ejército, que empieza a ser preocupante. Nos hemos olvidado de cuidar la retaguardia. Entre las feministas de la protesta subvencionada y el silencio abnegado de las del “todo por la Patria”, queda un amplio margen de maniobra, con posibilidades reales para poder solucionar esta cuestión.

Y parte de esa retaguardia también son los hijos, quienes están sufriendo enormemente las consecuencias psicológicas de la movilidad geográfica continua o de algunas misiones internacionales en las que no está permitido el permiso a mitad de misión –no hay presupuesto-, el cual era altamente gratificante tanto para la pareja como para los hijos. Y si la retaguardia no está bien, el militar no está bien. Y si el militar no está bien, el desempeño de su trabajo (ya sea en un cuartel en España o en una misión en Kuwait), no estará bien.

Más del 80% de esa retaguardia está formado por mujeres. Hablamos de mujeres muy orgullosas de la profesión de sus maridos, patriotas, que asumen sus obligaciones, que si se les pide mucho lo dan todo, que son defensoras de éstos y de sus trabajos, con la casa a cuestas continuamente y con un nudo en la garganta de orgullo y de miedo durante cada misión…. Feliz día de la mujer. En este, nuestro día, es preciso visibilizar las demandas que viven día a día las familias, especialmente las mujeres. Porque el militar lo es por vocación y la familia, por obligación.

Verónica Domínguez. Analista “Mujer, Familia y Fuerzas Armadas”

Fuente:abc.es

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