El proyecto de las cinco fragatas F-110 es uno de los programas estrella del nuevo ciclo inversor del ministerio de Defensa. Si bien es cierto que no hay ninguna duda sobre su urgente necesidad operativa, se ha generado un interesante debate sobre las dos opciones preferidas para su dotación de los misiles de defensa antiaérea: Sea Ceptor y el Evolved Sea Sparrow Missile (ESSM). ¿Por qué es esto un problema? Las razones para ello son operativas, logísticas e industriales, pero también políticas.

La elección operativa de fondo para la Armada española es si disponer de dos líneas logísticas separadas y misiles incompatibles entre sí, o un único sistema, con logística y sistemas intercambiables entre las distintas plataformas. Los Sea Ceptor son fabricados por la europea MBDA (partenariado británico) y que serán dotación en las actuales fragatas Type 23 y futuras Type 26 de la Royal Navy. El problema estriba en que la opción secundaria serían los misiles ESSM producidos por la norteamericana Raytheon, y que es la dotación generalizada en los buques de la US Navy, además de estar ya en dotación en las fragatas F-100.

A la hora de seleccionar un sistema de armas es necesario valorar numerosas variables, que van desde sus capacidades técnicas y características propias, hasta los costes, la formación, la proyección para el desarrollo industrial y de I+D, o su integración en el conjunto de las Fuerzas Armadas, incluyendo organizaciones aliadas (OTAN). Tengamos en cuenta que hablamos de sistemas que necesariamente van a mantenerse durante décadas, lo que implica consecuencias para su sostenibilidad, mantenimiento y desarrollo.

Las características hacen referencia a su viabilidad, alcance, velocidad máxima, maniobrabilidad y sistema de guiado. En todas ellas, el ESSM se muestra superior al Sea Ceptor. También por sus consecuencias logísticas (talleres, especialistas, integración…) y por el número de experiencias compartidas y ensayos, con notable significado en cuanto a mejoras futuras. En este caso, mientras el ESSM es utilizado por la marina naval norteamericana,  australiana, canadiense, danesa, holandesa, japonesa, noruega, turca y española (F-100), entre otras, el Sea Ceptor será empleado exclusivamente por los por británicos, chilenos y neozelandeses.

El enfoque industrial-político es también relevante y, aparentemente, la única explicación a la selección del misil británico. Muy recientemente MBDA ha hecho pública su  intención de ampliar su presencia en suelo español con una plantilla altamente cualificada, y esto parece implicar la adquisición del Sea Ceptor y una fuerte inversión pública en montar una industria de misiles española, en un entorno europeo. Sin embargo, el proyecto pertenece a la parte británica de la compañía, lo que hace –Brexit mediante-, menos clara su vocación europea, además de la histórica falta de sintonía entre los intereses británicos y españoles.

Que haya inversión en la industria de defensa es positivo, siempre y cuando no entre en contradicción con la operatividad de los sistemas adquiridos. España, simplemente, no puede permitirse gastar sus escasos recursos en montar una industria que satisfaga todas sus necesidades militares. Nadie lo hace ya, ni siquiera naciones como EEUU, Rusia, China ni Israel. España lo que debe hacer es concentrar sus recursos en la industria ya existente y potenciarla. Tenemos una excelente industrial militar naval, aeronáutica y electrónica. Invirtamos nuestros recursos en mejorar sus fortalezas. Concentremos nuestros esfuerzos en hacernos líderes mundiales en los productos de nuestra industria ya existente y esta crecerá. Si dispersamos nuestros esfuerzos y queremos convertirnos en aprendices de todo, nunca seremos maestros en nada.

La realidad es que, para que ello fuera posible, se necesitaría una clase política mucho más concienciada sobre la defensa nacional. La proverbial falta de interés y de conocimiento en los temas militares y de defensa de ésta, con alguna ilustre excepción, hacen muy difícil una planificación coherente  para la defensa tanto desde el vista operativo como industrial. Sin duda, nuestros militares e industriales pueden explicarles con todo lujo de detalles nuestras necesidades y cómo solventarlas desde un punto de vista óptimo, tanto en la vertiente operativa como económica. Pero, incluso, la mejor de las explicaciones es probable que caiga en saco roto frente al deslumbramiento producido por el cortoplacismo y las declaraciones rimbombantes sobre nuevos proyectos. Solo esto puede explicar casos tan curiosos como el del misil Sea Ceptor.

José Luis Jiménez Martín, experto en Defensa Nacional por la Universidad Rey Juan Carlos

Foto: Navantia (Wikipedia) / Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor. Sus conclusiones no deberían ser interpretadas necesariamente como un reflejo de nuestros puntos de vista.

Share