Perú y Argentina: cara y cruz de la política de Defensa

En Perú, el nuevo gobierno que salga de las urnas próximamente encontrará unas fuerzas armadas marcadas por la recuperación de capacidades operativas, resultado de los esfuerzos del Programa de Renovación y Modernización emprendido por el gobierno de Ollanta Humala.

Perú ha ido cumpliendo las metas impuestas, en términos no solamente de adquisiciones, sino también en lo que atañe al reforzamiento del capital humano. Las amenazas fundamentales que afectan al país, y por ende, las que demandan mayores recursos presupuestarios en Defensa, no se hallan en las tensiones con sus vecinos, ni en la necesidad de responder a grandes despliegues en misiones de apoyo internacional. En la línea del resto de los países de la región, se circunscriben al ámbito interno.

En el caso de Perú puede hablarse de tres escenarios: el que afecta a los controles fronterizos, vinculados a las amenazas derivadas del narcotráfico y el tráfico de armas; la lucha contra la minería y la tala ilegal; y el relativo a la lucha contra los remanentes terroristas en el área conocida como el VRAEM, siglas con las que de manera abreviada se denomina el Valle de los Ríos Apurímac, Ene y Mantaro. La razón es que las operaciones contra-subersivas en esta zona demandan de un importante esfuerzo humano y de medios militares, dos extremos con los que el país ha ido respondiendo con buenos resultados.

Esta es la herencia que quien coja el relevo en el Ejecutivo peruano va a encontrarse próximamente y que contrasta poderosamente con otra nación del cono sur americano: Argentina. Cristina Fernández de Kirchner daba la “bienvenida” a su sucesor en la Casa Rosada desactivando en su toma de posesión el escudo de defensa y seguridad del espacio aéreo argentino, preceptivo por la llegada al país de mandatarios extranjeros. Pecata minuta a la vista de lo encontrado por Macri una vez asumido el cargo tras años de demoledor ejercicio de poder por sus predecesores, en los que se han socavado hasta el fondo las capacidades de las Fuerzas Armadas, pagando, un injusto por larguísimo, peaje por el gobierno militar que hace lustros con mano de hierro dirigiera la nación y cuyos protagonistas hace años salieron de escena.

Mientras, se aupaba a una fuerza policial con un número de efectivos tan desbordante como, a la postre viendo la inseguridad que vive el país, inoperativa y acusada hoy de corrupción en un fiel reflejo de una práctica bien extendida durante el Kirchnerismo y gobiernos pretéritos, en una estructura piramidal en la que habría de reconocerse el mérito de quienes no han sucumbido a tales prácticas por la facilidad que el marco ofrecía.

El Ministerio de Defensa argentino tiene por delante hoy una titánica tarea para sacar a sus Fuerzas Armadas del negro agujero en el que se las ha ido metiendo durante años, esas de las que sólo han querido acordarse cuando han debido auxiliar a la población en caso de emergencias o para recoger basura, cuando la inoperatividad de la clase política ha generado estos escenarios. Y, aún en esos casos, dotados de los medios más precarios. Por el bien de los propios argentinos, esperemos del nuevo gobierno un certero cambio de rumbo.

 Eva Cervera, directora de ´Defensa.com´

Argentina-Peru(1)

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