Vivimos una era en la que la interconexión de los usuarios, la facilidad para crear y distribuir contenido, y la influencia de la economía sobre este, han desplazado la objetividad en favor de la posverdad. El término hace referencia a circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. La posverdad es la nueva arma de combate de la guerra híbrida por su capacidad para actuar sobre segmentos concretos de la población.

Este instrumento, aparentemente novedoso, hizo que OTAN en la Cumbre de Gales subrayara la importancia del Centro de Excelencia de Comunicaciones Estratégicas de Riga (StratCom) para hacer frente a la nueva forma que las amenazas estaban cobrando. Para la Alianza Atlántica, Rusia es un gran rival que combatir en el campo de la comunicación ya que ha sabido adaptarse a la perfección a la nueva era.

El Kremlin utiliza medios como Russia Today o Sputnik para difundir información falsa y propaganda con el fin de diseminar la opinión pública occidental y destruir sus valores, tarea que complementan a través de las redes sociales. Y es en este campo donde la OTAN tiene otro gran enemigo que abatir, el autoproclamado Estado Islámico. La organización terrorista ha entendido a la perfección cómo funcionan, a través de ellas distribuye su propaganda y capta adeptos.

El éxito de ambos adversarios radica en su capacidad de entender el potencial en las redes sociales, no solo para lograr un gran alcance, sino para despertar emociones en un segmento social a través narrativas distribuidas en forma de vídeos, memes… los cuales siguen las pautas marcadas por el infotainment.

España no se ha visto afectada por la difusión en gran medida de propaganda o falsas noticias del Kremlin, y tampoco la posverdad ha afectado a la política interna como lo ha hecho en países como Reino Unido con el Brexit. Probablemente sea esta la razón por la que España no se encuentre entre los miembros que forman parte o apoyan el Centro de Comunicaciones Estratégicas de Letonia. Sin embargo, el país sufre la gran amenaza terrorista de DAESH y no solo física, sino psicológica.

El autoproclamado Estado Islámico, a través de sus mensajes transmitidos por las nuevas plataformas digitales, consigue que cada vez más personas se sumen a sus filas. Conocen a la perfección quién es su público potencial y les atacan directamente. A pesar de ello, España destaca en el panorama internacional por las grandes labores de inteligencia que han frenado la amenaza física y detenido a aquellos que estaban siendo víctimas digitales.

De cualquier manera, controlar la información hoy es imposible. La ética del periodista desaparece con el periodismo ciudadano: hoy cualquier persona puede generar contenido, sea real o no. En países como Alemania, se multa a aquellos que distribuyen falsas noticias, pero esto no parece suficiente para acabar con la posverdad. Esta no promueve exclusivamente falsas noticias, que además son difíciles de detectar, sino que utiliza elementos certeros y los manipula para conseguir el efecto deseado.

Por tanto, la única forma de frenar las consecuencias que tiene el uso de esta herramienta es la prevención. En mi opinión, el único escenario posible para evitar los efectos adversos y mostrar a la población el potencial y los riesgos de las nuevas formas de comunicación es a través de la educación. Una sociedad formada y concienciada del poder de la información podrá acabar con las consecuencias negativas de la posverdad.

Paloma Garrido, Ciencias Políticas y Gestión Pública y Periodismo (URJC) y Vicepresidenta por Comunicación del Consejo Atlántico Juvenil Español (COAJE)

Fotos: EFE / OTAN

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