La actual revolución digital, muy probablemente, tiene un mayor impacto y está causando mayores cambios en nuestras vidas que los producidos, en su día,  por el descubrimiento de la máquina de vapor y la revolución industrial. Estamos inmersos en un mundo confuso, en el que el problema ya no es la falta de información, sino todo lo contrario, es el exceso de la misma y muy especialmente su manipulación.

Sin embargo el gobierno ruso, sí ha sabido adaptarse muy bien a este mundo cambiante y, para ello, su presidente Vladimir Putin ha sabido modernizar su ejército, elevando la información como el quinto ámbito de la guerra, después de los tradicionales tierra, mar, aire y espacio. Conscientes  de su potencial y de sus limitaciones, han creado una nueva doctrina militar, desarrollada por el general de Estado Mayor Valery Gerasimov, cuyo eje es la guerra de información y las aproximaciones indirectas  y asimétricas. Por otra parte,  han modernizado viejos manuales del KGB, como el relativo a Guerra Política Encubierta, el cual hace 40 años, ya mencionaba el robo de documentos sensibles, su masiva difusión por canales afines, habiendo incorporado en la actualidad,  la manipulación y la masiva difusión de información por redes sociales, todo ello para poder influir en la opinión mundial.

Recientemente en un informe conjunto de  la inteligencia norteamericana, se ha podido saber que en las pasadas elecciones para  la presidencia de Estados Unidos, éstas fueron influidas por los servicios rusos. Esto plantea un grave antecedente pues,  probablemente, es la primera vez que se condiciona el sistema electoral de un país democrático como es EEUU.

En el informe conjunto del DHS y del FBI, muestran cómo dos Amenazas Persistentes Avanzadas (APTs), concretamente la APT28, gestionada por el GRU (inteligencia militar rusa), y la APT29 a cargo del FSB (primer servicio de seguridad de la Federación Rusa), anteriormente denominado KGB, creaban una infraestructura tecnológica intermedia. Desde ahí atacaron los sistemas informáticos del Partido Demócrata norteamericano, llegando a exfiltrarles 28.000 correos electrónicos, entre ellos los mensajes privados del director de la campaña, John Podesta, junto a toda la estrategia electoral; también les robaron los correos de la presidenta Denni Schultz, que dimitió por el escándalo, y los de siete altos cargos del partido, incluidos los del director financiero.

La filtración de los mensajes la hicieron a través de Wikileaks, de la página  Leaks D.C., y de un invento de la inteligencia militar rusa denominado Guccifer 2.0, que en un principio lo presentaron como un Hacker rumano independiente,  autor del robo de los correos, pero que rápidamente se descubrió que  se trataba del GRU.

Javier Balaña, analista experto en Rusia

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