Secretos de la industria militar: curiosidades tecnológicas entre EEUU y Rusia

Nº1 / 2018

Sergey Sysoev, Ex-diplomático ruso, especializado en asuntos de Defensa político-militares


La revista estadounidense “The National Interest” acusó a la Unión Soviética y su sucesora, la Federación Rusa, de robar tecnologías occidentales, en particular, las tecnologías estadounidenses, y destacó la incapacidad de generar sus propias ideas científicas y técnicas y traducirlas en desarrollos efectivos. Copiar tecnologías occidentales –se afirma- es de hecho un logro dudoso, un reconocimiento de que la nación no es capaz de realizar sus propias tecnologías. Estas afirmaciones merecen una aclaración.

Como ejemplos de tecnologías copiadas, se menciona una bomba atómica, un transbordador espacial reutilizable y, por alguna razón, videojuegos. Con una cierta licencia, se puede aceptar acusaciones sobre la bomba: el matrimonio Rosenberg entregó a Moscú ciertos documentos sobre su diseño, pero lo cierto es que el desarrollo de estas armas estaba en pleno apogeo y se encontraba en la etapa final. En cuanto a la lanzadera, los cargos son infundados. Del mismo modo, se puede acusar a los estadounidenses de que su estación espacial “Skylab” es una copia de la “Salut”, que apareció antes. Aunque lo único que tienen en común es la idea de crear una “casa espacial” a largo plazo. Lo mismo es compartir los Shuttles con el Buran ruso. Al mismo tiempo, también hay ejemplos inversos cuando los Estados Unidos copiaron las tecnologías soviética -y posteriormente rusa- sin obtener ninguna licencia por lo que la información para la reproducción se obtiene como resultado de un robo.

En los años noventa, cuando Reagan y Gorbachov se convirtieron en “hermanos para siempre”, para la defensa norteamericana llegaron los días de oro para obtener, no sólo la información sobre ciertos proyectos, sino incluso la documentación detallada de su diseño, así como los productos terminados. Algo se recibió de forma gratuita, por así decirlo, como intercambio de experiencias; para algo era necesario dar sobornos, en esos momentos absolutamente ridículos. A finales de la década de 1970, por ejemplo, en la NPO Zvezda se creó el asiento eyectable K-36 DM, única en su tiempo, que permitía al piloto salir de un avión averiado ya  accelerado en una pista. La demostración en la feria aérea internacional de Francia (Le Bourget) se convirtió en el producto más reconocido y la tecnología norteamericana no tenía una solución parecida. A principios de los años 90, a una delegación estadounidense que llegó a la ciudad de Tomilin, cerca de Moscú, se le mostró la construcción de una catapulta, recibieron la explicación de los matices tecnológicos de su fabricación y adquirieron una pequeña partida de sillones. Pronto los aviónes de combate estadounidenses salieron equipados con catapultas absolutamente idénticos, pero con la marca “Made in USA”.

En la Unión Soviética se acumuló una considerable experiencia en el diseño y construcción de llamados “ekranoplanos” (pantalla volante). Este tipo de aparatos aéreos es medio barco, medio avión con unas alas cortas pero de gran superficie, capaz de volar a baja altitud sobre el agua o una superficie plana, usando el efecto de “colchón de aire”. Las principales ventajas del ekranoplano incluyen una gran carga útil y una distancia de vuelo significativa, que se debe al consumo económico de combustible. En Nizhny Novgorod, en la Oficina Central de diseño de barcos con hidroalas se construyeron a finales de la década de los setenta los cinco ekranoplanos “Orlenok”, que pudieron transportar 200 soldados de infanteria marina o dos vehiculos blindados a una distancia de 1.500 kilómetros. Fueron operativos en la aviación naval y el último “Orlenok” fue retirado de la flota en el año 1993.

Un ekranoplano más temerario fue el llamado “monsruo de Cáspio”. El prototipo de ekranoplano de gran  tamaño tenia 92 metros de largo, 22 en altura, con 37 metros de alas, pesaba 544 toneladas y volaba con la velocidad de 350 km/h en la altura de 4 metros sobre el mar. Construido en 1966 fue un aparato aéreo más grande del mundo. Fotografiado por satélite espía provocó estupor en los servicios de inteligencia y en el Pentágono, por su completo desconocimiento del nuevo sistema. En 1987 se construyó otro modelo, esta vez para fines ofensivos, porque contaba con seis lanzaderas de misiles anti-buque “Moskit”; volando con la velocidad de casi 500 km/h fue invisible en todos los radares de sistemas antiaéreos. Solo la desapareción de la URSS en 1991 puso fin al desarrollo de esta arma muy eficaz. En los Estados Unidos este tipo de avión nunca ha sido diseñado o desarrollado. Sin embargo a principios de la década de los noventa, usando los avances tecnológicos rusos, decidieron construir una máquina superpesada, capaz de transportar 14.000 toneladas de carga a distancia de 16.000 kilómetros. El gobierno ruso ofreció a Washington por solo 200.000 US$ un acceso a la documentación completa y se les permitió explorar minuciosamente un ekranoplano combate, aunque ya fuera de servicio, pero su desarrollo fue cancelado por sobrepasar los límites de financiación.

Numerosos especialistas, tanto rusos como estadounidenses, señalan que en el avión más avanzado de despegue vertical y aterrizaje (F-35B) las raíces rusas son claramente visibles. El argumento es que es completamente diferente del McDonnell Douglas AV-8B Harrier II -cuya tecnología sería lógico usar en la nueva plataforma VOLT-, pero tiene mucho más en común con el Yak-141, que ya estaba totalmente probado y listo para producción en finales de los años 80, pero que debido a los problemas con perestroika y el final de la URSS no fue posible su la producción en serie. Esto no es accidental. Representantes de la compañía norteamericana pasaron una larga temporada en OKB de Yakovlevl estudiando la documentación del Yak-141. Confirmadas las soluciones técnicas incorporadas en el avión ruso -calificadas de “revolucionarias”-, contrataron a los diseñadores rusos de I+D para llevaran a cabo los elementos claves del despegue vertical, en concreto, la boquilla rotativa del motor de levantamiento y marcha, denominado jack-up. Todo esto fue finalmente utilizado en el diseño del F-35B, y es la razón por la cual las características de vuelo de estos dos cazas son muy similares. Cabe señalar que los estadounidenses crearon su Harrier II sobre la base del Harrier británico, y con la participación en el desarrollo de los diseñadores británicos.

Ejemplos concretos

Volviendo a la afirmación de la revista que comentamos, de que el “Buran” ruso supuestamente fue un clon un poco modificado del “Shuttle” americano, cabe señalar el desconocimiento del autor, porque en el inicio de este sistema no estaba el desarrollo estadounidense, sino el soviético. En la década de 1960, se lanzó el programa Spiral para crear un avión orbital, es decir, un avión espacial. Los primeros tres prototipos de trabajo, BOR-1, BOR-2 y BOR-3, eran maquetas de tamaños reducidos. El avión espacial real era el BOR-4, que comenzó a someterse a pruebas de vuelo en modo no tripulado en 1982. Pronto los resultados positivos se usaron para crear el Buran.

La inteligencia estadounidense siguió de cerca el progreso del programa “Espiral”. Se obtuvieron fotografías de BOR-4, que pronto se utilizaron en el diseño del orbitador HL-20. Dos de estos dispositivos, soviéticos y estadounidenses, tienen una forma muy similar a la geometría. HL-20 nunca voló al espacio. Pero en su base se desarrolló un avión orbital no tripulada Dream Chaser, diseñado para llevar en órbita -en particular, a la Estación Espacial Internacional (EEI)- hasta 5,5 toneladas de carga y hasta 7 pasajeros. Su primer vuelo a la EEI está programado para 2020. Además de desarrollos específicos, hay estudios teóricos en los que pueden basarse estos desarrollos. Sin embargo, en la Unión Soviética, la teoría a la perspectiva no siempre fue solicitada debido al liderazgo poco visionario. Esto sucedió con la tecnología de sigilo (STELTH), que fue utilizada por primera vez por los estadounidenses en el diseño de sus “aviones invisibles” F-117.

La teoría que permite calcular con precisión la geometría para minimizar las reflexiones de las ondas de radio de radar de superficie fue presentada por el físico soviético Piotr Ufimtsev en el libro “Método de las ondas de borde en la teoría física de difracción”, publicado en 1962. En la Unión Soviética, estas ideas no han sido puestas en práctica, pero al contrario, el libro fue leído y estudiado cuidadosamente en los Estados Unidos e inmediatamente se comenzó la construcción de la caza F-117.

No se puede ignorar el tema de la prioridad en la creación del equipamiento militar único, aunque en algunos casos ya no se trata de la tecnología robada o adjudicada. Porque en este caso la prioridad “a priori” significa que uno u otro desarrollador o país creador no puede ser “tecnológicamente atrasado” de ninguna manera. En el texto que estamos considerando se afirma que la tecnología rusa era “presuntamente retrasada” comparada con la de  los Estados Unidos. Hay muchos ejemplos:

  • En el caza-interceptor MiG-31 por primera vez en la historia, se utilizó un radar una antena de “phased array”.
  • Los sistemas rusos de guerra radioelectrónica que utilizan métodos matemáticos fundamentalmente nuevos para analizar, procesar y generar señales son actualmente inalcanzables para la industria de defensa norteamericana.
  • Rusia ha comenzado a introducir misiles hipersónicos que ya son operativos listos en Fuerzas Armadas. Mientras que los desarrolladores estadounidenses están todavía en la etapa I+D. En este caso, como se muestra por el escándalo reciente con la filtración de información del Instituto Central de Diseño (TZNIIMASH) para intentar de vender tecnología de propulsión y de control de estos misiles, se entiende que por todos los medios se está tratando de alcanzar el nivel deseado.
  • Estados Unidos no tiene misiles supersónicos anti-buque; el Harpoon no puede cualificarse como un arma moderna. Actualmente, por parte de Rusia ya se están completando las pruebas del misil hipersónico anti-buque “Zircon”.
  • El Armata T-14 es una plataforma unificada que ya pertenece a la última generación de carros acorazados de combate (MBT); según la opinión unánime de los expertos, estará fuera del alcance de las capacidades de combate a toda la industria extranjera de producción de tanques, incluyendo los EEUU, por lo menos los próximos 5 ó 7 años.
  • El complejo táctico-operativo “Iskander”, armado con misiles de crucero y/o cuasi-balísticos, tiene un alcance efectivo en el objetivo y una precisión de casi el 100%. Las plataformas de la misma gama estadounidenses tienen características mucho más modestas.
  • Finalmente, las instalaciones de defensa antiaérea, representadas por el sistema S-400 Triumph, ocupan posiciones de liderazgo tecnológico incuestionables. Lo mismo puede decirse sobre la defensa antimisiles con la llegada del complejo “Prometheus” S-500. 

Conclusión

Como conclusión, hay que destacar que Estados Unidos tiene mucho que aprender en referencia a algunas tecnologías y sistemas de defensa de Rusia; también incluso con la ayuda de la inteligencia militar –por cierto, el GRU ya no existe y tiene otro nombre-, que gracias a los esfuerzos recientes de la propaganda británica, se tratan de unos servicios que horrorizan a toda la comunidad civilizada. Todo esto demuestra, con plena claridad, que la competición en el segmento de industria de defensa es la manifestación de una competencia más amplia, que implica los aspectos político, económico, tecnológico, militar, incluso humanitario. En el mundo contemporáneo, la competencia por el dominio es global y, por eso, abarca todas las regiones geográficas.

Con el progreso evidente de China, y otros estados asiáticos y del Pacífico, el epicentro se gira hacia esta región. Al mismo tiempo, para lograr sus fines, tanto políticos como económicos y comerciales, se admiten todos los medios, incluyendo la competencia desleal y campañas de desprestigio en la prensa como demuestra bien claro el mencionado artículo en “The National Interest”. En cada caso concreto el objetivo puede ser diferente. Para obtener las ventajas competitivas se destacan las desventajas y supuestos retrasos de la tecnología del adversario. Al contrario, para obtener más fondos para la industria de defensa propia, preparar la opinión pública y desarrollar las tecnologías más avanzadas se suele demonizar al adversario, crear una imagen de una potencia fuerte pero peligrosa e imprevisible. Es lo que vemos ahora en los ejemplos de Rusia, y en parte de China, Irán y Corea del Norte.

 

image_printImprimir