Es un hecho que el contexto geopolítico internacional está sufriendo un profundo cambio, proceso que ha alterado caóticamente el orden mundial existente. Entre otros factores, el crecimiento de China y la actuación de Rusia conforman un escenario mundial de política de grandes potencias. Cuando, en estas circunstancias, un país como España se empeña en buscar la “solución del pasado” y no hacer frente a los retos presentes, corre el riesgo de caer en la irrelevancia. Tratemos dos hechos relevantes.

En los últimos días, tanto el presidente Macron como la canciller Merkel han hecho llamamientos para empoderar a Europa y no tener que seguir los designios políticos del presidente Trump. La tentación para ambos dirigentes es obtener la autonomía estratégica, que señalaba la Estrategia Global de la Unión Europea, asumir una mayor responsabilidad en Defensa y la creación de un sistema financiero autónomo. Los llamamientos por un refuerzo de Europa en el mundo parten de un evidente deterioro del Vínculo Trasatlántico y la preocupación por el futuro de la UE, dada la evolución en los últimos años y los acontecimientos actuales. El pretendido impulso europeo llega en un momento de profunda crisis: el Brexit se encuentra en una fase crucial, los líderes autocráticos en Europa del Este ponen a prueba la estructura y normas de la Unión y varios países, como Italia, plantean crudamente el problema de la inmigración con sus secuelas de integración e identidad que ya son polémica en Alemania.

Las políticas de Trump, como la retirada del acuerdo con Irán, que ha producido quebranto a empresas europeas, las exigencias respecto a la OTAN o los nuevos aranceles, han llevado a los europeos -principalmente a Francia y a Alemania- a concebir políticas que puedan alcanzar la autonomía estratégica, incluyendo la suficiencia financiera. Hasta ahora Europa no ha puesto en práctica ninguna estrategia y la adopción de una hipotética de enfrentamiento directo con la de Trump llevaría tiempo, enormes esfuerzos y una mayoría de socios no podría seguirla.

Por otro lado, en Marruecos, un país crítico para la seguridad de España, tenían lugar acontecimientos novedosos. Durante las protestas del pasado julio en Rabat, organizadas por el movimiento Justicia y Espiritualidad, se le unieron gran cantidad de jóvenes; este movimiento pretende el establecimiento de un Estado sufista en un país con una población muy mayoritaria suní como es Marruecos. El pasado agosto, con el pretexto anunciado de restaurar “el patriotismo en la juventud”, el Consejo de Ministros de Marruecos, presidido por el Rey, repuso la Ley que reinstauraba el servicio militar obligatorio, derogada en 2006, para hombres y mujeres. El argumento parece fútil, pero los motivos de fondo son sólidos.

El problema a resolver en uno de los países más estables de África, es que una gran parte de la juventud no esté ociosa con los peligros que esto conlleva de radicalización. El desempleo en Marruecos, de aquellos entre 15 a 24 años, alcanza el 18% de la población, ya que el crecimiento económico del 3% no beneficia a los jóvenes. La conducta de la mayoría de los desempleados es la ociosidad. El desempleo entre los graduados universitarios se ha duplicado en el último quinquenio; además, el Gobierno ha señalado que la educación universitaria no se traduce en mejores oportunidades de empleo ya que solo el 34% lo tienen mientras el 52% no. Las pocas perspectivas de éxito son causa de un alto de abandono de los estudios. 

Además de reinstaurar el servicio militar el Gobierno marroquí aprecia la necesidad de reforma económica orientada a la educación y a la oferta de puestos de trabajo. El Rey también anunció la revisión integral de la política pública de empleo joven y formación para este año, incluyendo la colaboración del sector privado. El desempleo es una lacra social, pero desde la perspectiva de la seguridad y del futuro político es un factor provocador. Por ello el descontento de la juventud es especialmente preocupante. En Marruecos, las diversas protestas que han tenido lugar en zonas atrasadas como el Rif o la Jerada han sido dirigidas por jóvenes.

Estudios del Gobierno marroquí manifiestan la gran adhesión de los jóvenes hacia la religión, lo que supone una involución desde hace diez años desde una conducta pro-occidental y secular, llevó a prohibir la confección y venta de burqas. Pero la tendencia constatada actualmente es que las ideas antioccidentales y el radicalismo religioso están en alza, lo que aumenta el peligro de radicalización. ¡Ah! Desde el 31 de julio Marruecos mantiene cerrada la aduana comercial con Melilla.

Acontecimientos como la crisis de Europa y un potencial de conflicto en Marruecos, afectan directamente a España, le obliga directamente a diseñar e implementar una estrategia para el presente y futuro. El pasado lejano es Historia, inmutable. No perdamos estérilmente energías en “solucionarlo”.     

Enrique Fojón, Doctor en Relaciones Internacionales

Análisis Nº194 | Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor.

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