Tras una sorprendente campaña electoral, Donald Trump ha ganado las elecciones. Eso supone que es el nuevo “Commander-in-chief”. Al igual que sus predecesores, Obama, Bush o Bill Clinton, no posee ninguna experiencia en materia de seguridad nacional o política internacional. Sin embargo, en sus declaraciones a los medios y en los debates presidenciales, sí ha dejado más o menos claras cuáles eran las ideas que desarrollaría en torno a la seguridad y defensa.

Por un lado, parece que rehúye del papel geopolítico de policía del mundo que siempre ha tenido EEUU, como garante del orden global. Con Trump se da paso a una política internacional que, anuncia, cambiará de arriba abajo, ofreciendo señales de amistad a Rusia y China, de quiénes ha dicho que “son amigos a los que acercarse”. Siria y Ucrania puede ser un buen escenario donde tantear la relación con Putin, y poder desplazar un enfrentamiento que algunos veían más probable en las propuestas de Clinton, incluyendo al norcoreano  Kim Jong-un.

Nos encontramos ante un hombre que se autodenomina como “alguien para quien la guerra y la agresión, no forman parte de sus instintos primitivos”, aunque considera que hay que llevar a cabo una política dura contra Estados bandidos como Irak. Los talibanes ya le han puesto a prueba, exigiéndole el mismo 9 de noviembre la retirada de las tropas norteamericanas desplegadas en Afganistán.

Cabe preguntarse si, al igual que hizo la Secretaria de Estado, el nuevo Presidente pretenderá enfrentarse con el Estado Islámico enviando dinero, material y capacidades logísticas a combatientes que acabaron convirtiéndose en señores de la guerra, líderes tribales en búsqueda de su propio espacio de dominio, y demás terribles actores que conforman el elenco de conflictos en Oriente Medio. Imaginamos que no se olvidará de las consecuencias que tiene el retraso de las órdenes cuando el un consulado esté en serios problemas, caso Bengasi.

Ha asegurado que aumentará el presupuesto de defensa en miles de dólares, trabajando en la construcción de armamento militar, como es el caso de los navíos para la Armada, o incrementando el número de marines y de soldados de la US Army. Pero antes, habrá que ver cómo se soluciona en grave problema presupuestario del Departamento de Defensa, cuya receta aún no ha detallado. Asimismo, cabe destacar la mención agradecida a los veteranos y generales en el primer discurso tras conocerse la victoria electoral, lo que significa que cuenta con el apoyo explícito de un amplio sector de la Defensa.

La falta de sensibilidad europea es una de las causas que le lleva a pedir una reestructuración de la OTAN, por considerarla una “organización obsoleta”. Como Washington aporta demasiado, la solución de Trump pasa, entre otras cosas, por exigir la financiación compartida de los países miembros, con un aumento del PIB en Defensa. Nos preguntamos qué va a hacer España en esta situación, con una expectativa a la baja en su presupuesto. Por cierto, el mensaje de felicitación vía twitter del presidente Rajoy hacía referencia a EEUU como un “socio indispensable”.

Verónica Domínguez, analista

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