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Tres escenarios para Argelia tras el coronavirus

Paper 26 / 2020

Hace más o menos un año analizaba aquí los posibles escenarios políticos que podría vivir Argelia tras la caída del presidente Bouteflika. Estos serían la posibilidad de una transición a la democracia, la continuidad del régimen con algún lavado de cara y el comienzo de un período de profunda inestabilidad que pudiera derivar en conflicto abierto de mayor o menor intensidad. Transcurrido un año no exento de importantes acontecimientos para Argelia, y todo el mundo, creo que puede ser interesante revisar estos posibles escenarios y cómo dichos sucesos han podido afectarles.

En primer lugar, y en clave interna argelina, son de destacar las elecciones del 12 de diciembre de 2019. Estas elecciones no han supuesto ningún cambio sustancial respecto a las anteriores, y el candidato oficialista Abdelmayid Tebune (que fuera primer ministro con Bouteflika) resultó elegido presidente con el 58% de los votos. Sin embargo, sí es de destacar que estas elecciones han tenido la menor participación de la historia del país, un 39,93% del censo electoral, lo que pone de manifiesto la poca confianza de buena parte del pueblo argelino en las elecciones y la voluntad de cambio del régimen.

Más importante, en la práctica, fue la noticia de la muerte del general Gaid Salah pocos días después. El general Salah era Jefe del Estado Mayor desde hacía 15 años y auténtico hombre fuerte del régimen desde la caída de Bouteflika, además de protagonista en su derrocamiento. La muerte del general abría en diciembre de 2019 un cierto clima de incertidumbre, a pesar del nombramiento de un sucesor de su confianza, el general Said Chengriha. Las protestas de la Hirak, como es conocido el movimiento popular de protesta contra el régimen, continuaban y la muerte del general podía provocar luchas de poder internas dentro de las Fuerzas Armadas.

En este contexto, a principios de 2020, surgió la crisis del Coronavirus, viniendo a trastocar completamente toda la situación, no sólo en Argelia sino en el mundo. Por suerte, Argelia se ha librado de las peores consecuencias del virus y no ha sido castigada en exceso si la comparamos con sus vecinos del norte, especialmente España e Italia. Sin embargo, no ha sido ajena a los confinamientos y cierres económicos, aunque allí han podido salvar más vidas. Además, las consecuencias económicas no acaban ahí, la caída del precio del petróleo y el gas derivado de toda esta situación afectarán sin duda a Argelia.

Así, teniendo en cuenta estos nuevos factores, debemos volver a analizar los tres escenarios barajados hace un año. Si bien pienso que los tres continúan sobre la mesa, la correlación de fuerzas sí ha cambiado.

2. Transición democrática

Éste era el primer escenario que analizábamos hace un año, aunque no parecía el más probable, sí que era de los más comentados dado el usual clima de optimismo que protestas y revoluciones suelen generar en la prensa occidental. El nuevo escenario puede favorecer y lastrar esta posibilidad al mismo tiempo, veamos por qué.

Por un lado, la muerte del general Salah podía debilitar al régimen si provocaba luchas de poder internas, incluso podía favorecer el ascenso a puestos de responsabilidad a jóvenes oficiales más favorables a un nuevo proceso democrático. Aunque la elección del presidente Tabune y del general Chengriha no parecía favorecer esto último.

Por otro lado, la emergencia del Coronavirus ha tenido el efecto a corto plazo de parar las movilizaciones y protestas ciudadanas, e incluso podría terminar provocando un efecto rally around the flag, (concepto de Ciencias Políticas que podría traducirse como “reunirse entorno a la bandera”) que suele producirse en situaciones de crisis, shocks o guerras, y que consiste en un alineamiento de la política y la sociedad con el gobierno y el Estado. Sin embargo, dado el gran clima de desafección reinante, no parece demasiado probable. Por el contrario, a medio o largo plazo, las consecuencias económicas y sociales del coronavirus sí que podrían reforzar el hartazgo y el enfado del pueblo, a la vez que debilitan el aparato del régimen y sus posibilidades de ofrecer subsidios y contraprestaciones sociales con las que asegurar la paz social.

Una nueva ola de protestas derivadas de la crisis podría terminar de forzar la transición, aunque también podría degenerar en una estrategia represora más dura y en una mayor conflictividad que podrían lastrar una posible transición y terminar acabando en el tercer escenario.

2. Continuidad del Régimen

Este segundo escenario continúa, a mi parecer, siendo el más probable, aunque con bastantes más dificultades respecto al año pasado. La muerte del general Salah, aunque no sabemos a ciencia cierta cómo ha podido afectar exactamente en el aparato de poder argelino, no puede ser obviada. Más importantes parecen que serán las consecuencias económicas del coronavirus, en las cuales la situación de la economía española puede afectar sobremanera puesto que somos su primer comprador de petróleo y gas, ya que algunas de las motivaciones de las anteriores protestas se debían al estancamiento económico y la falta de oportunidades, que no harán más que agravarse.

Independientemente de hasta qué punto pueden dificultar la supervivencia del régimen, éste aún mantiene importantes ventajas y puntos fuertes que hacen su permanencia en el poder el escenario más plausible. Para empezar, el confinamiento ha supuesto un parón de las protestas, y la gestión eficiente de la pandemia (sobre todo comparando con España, pues ambos países con poblaciones similares –47 millones en España y 43 en Argelia– han tenido una importante diferencia de fallecidos, 27.000 que podrían ser bastantes más, España, para 500 en Argelia; aunque es cierto que no podemos fiarnos al 100% de las cifras, parece obvio que es imposible que pudieran ocultar un volumen semejante) puede llegar a suponer un cierto respiro para el régimen.

Por otro lado, las Fuerzas Armadas continúan unidas y sin aparentes fisuras, y las experiencias internacionales de transiciones en el mundo árabe (con la excepción de Túnez) continúan desalentando una apertura política que podría derivar en inestabilidad y conflicto. Además, esta crisis ha puesto de manifiesto un refuerzo de la alianza chino-argelina, siendo muy publicitada la ayuda sanitaria prestada por el gigante asiático, que podría extenderse a la económica en un futuro. Como bien sabemos, aunque China no tiene ningún problema en tratar con cualquier tipo de Estado, es más que probable que se sientan bastante más a gusto con un régimen como el actual.

3. Inestabilidad y conflicto

Este último escenario, desde luego el menos deseado por todos, gana, sin embargo, algo de fuerza ante el devenir de los acontecimientos. Si bien no me parecía demasiado probable que este escenario pudiera desarrollarse el año pasado, decidí incluirlo pues había algunas razones importantes: la pasada guerra civil, la conocida capacidad de los grupos islamistas de mantenerse en la clandestinidad, la presencia de grupos yihadistas en los desiertos argelinos, etc. Todo ello, junto con cualquier contingencia inesperada podría llegar a degenerar en un escenario de conflicto, fuera de mayor o menor intensidad.

Y al fin, efectivamente, se fueron presentando contingencias inesperadas. Obviamente, la más destacable de todas es el coronavirus, y éste, como hemos visto, puede lo mismo ayudar a que se desarrollen el primer y el segundo escenario como también este tercero. Si las consecuencias económicas empeoraran decisivamente la calidad de vida de los argelinos y las protestas escalaran a la vez que la represión, podríamos encontrarnos un escenario similar al de primeros de los 90. En este caso es muy difícil saber a dónde podría conducir la situación, desde una oleada terrorista, a una guerra de guerrillas en montañas y desiertos, hasta una auténtica guerra civil abierta y convencional.

En el cómo podría devenir cualquiera de estas situaciones tenemos ejemplos diversos en otros países de la región, desde Siria, dónde el régimen se ha ido reimponiendo tras una larga y costosísima guerra civil, pasando por Egipto, donde se dio marcha atrás a las reformas democráticas y viene sufriendo un conflicto terrorista, o Libia, donde el régimen cayó y ahora dos bandos se disputan el país en otra guerra civil. Ninguno de estos ejemplos es extrapolable por entero a Argelia, ya que tiene características únicas, pero sí nos sirven para ilustrar que no es para nada descartable que se pueda dar algo parecido.

En definitiva, podemos resumir de algún modo esta revisión en que la visión en general, para cualquiera de los tres escenarios, es más pesimista que hace un año, pues las dificultades que se puedan presentar, además de cualquier otra contingencia inesperada, no parecen estar ayudando. Es por ello que, en estos momentos en los que hemos derivado todas las miradas al interior, debemos seguir manteniéndonos vigilantes y conscientes de los riesgos y amenazas que se dan en nuestro alrededor, puesto que, como ya nos ha pasado con el coronavirus, nos pueden estallar en la cara si los infravaloramos y despreciamos.

Eliseo Fernández Fernández

Las opiniones de este análisis son de exclusiva responsabilidad de su autor.