Gasto en Defensa: cañones o servicios sociales

Análisis Nº 200

María Vílchez, Licenciada en Sociología (Universidad de Granada) y colaboradora del Centro Mixto UGR-MADOC


El pasado mes de julio se celebró la cumbre en el recién estrenado cuartel general de la OTAN en Bruselas. A esa cita iba a presentarse el nuevo presidente del Gobierno exponiendo que España no cedería a “la propuesta de Trump” de aumentar el gasto en defensa de los países miembros hasta llegar al 2%. La posición de Pedro Sánchez quedó en tan solo una idea pasajera y un titular de prensa, ya que el alcanzar el 2% del gasto era un compromiso adquirido con anterioridad. Desde la cumbre de Gales de 2014 el tema de la necesidad del aumento del presupuesto en defensa de los países miembros está encima de la mesa.

Hay que ver el contexto de la situación. En el momento en que los presupuestos en defensa de todos los países miembros se retraen, se pide un aumento por parte de Estados Unidos. Los norteamericanos no querían ser los que sufragaran de nuevo la seguridad europea. La inversión en defensa y el aumento de los presupuestos, es algo que no goza de buena prensa, de manera que es demasiado habitual encontrar la dicotomía de “cañones o mantequilla“, o servicios sociales, o escuela pública… o frases demagógicas, como hacia dónde debe de orientarse el interés del Estado: ¿en defensa o en servicios sociales? Este tipo de argumentos en el discurso político hoy se van superando. El aumento de un presupuesto en defensa no supone una disminución en generación de empleo o descenso de la calidad de vida. Son numerosos los estudios que demuestran su beneficio mutuo, y los análisis que demuestran cuál es la repercusión de la inversión en defensa en un país como España, detallando cuánto puede repercutir en su riqueza la canalización de recursos destinada al aumento del gasto en tecnologías para sistemas terrestres, aeroespaciales o navales.

Para España, este aumento en el presupuesto, no debería ser una postura de interés político puntual, ya que es un compromiso adquirido. Pasados los años más duros de la crisis económica, se hace necesaria por la coyuntura y por la pertenencia a organizaciones como OTAN, el aumentar el gasto, o al menos colocar los números de manera que se oriente a esa dirección en el medio plazo. Dónde orientar el gasto es una cuestión seria. Hay que invertir de manera que saquemos el máximo de rédito a cada euro invertido. El sector más idóneo sería el de la industria de defensa, especialmente la española. Con una inversión en I+D en tecnologías de seguridad y defensa se desarrolla un sector que genera empleo cualificado, retornos económicos, actividad y productos para tener unas fuerzas armadas mejor preparadas. Es el momento de potenciar la industria de defensa y estamos en coyuntura de poder desarrollarla ¿por qué? Miremos para Europa.

La cuestión de la seguridad no es algo que se hubiera desarrollado dentro de la Unión Europea, sino que era una de esas asignaturas pendientes. En los dos últimos años se ha generado un movimiento de interés por el desarrollo de un sistema de seguridad donde el I+D fuera la base. Europa, en su conjunto, apuesta por la seguridad, se ha llenado de competencias a la Agencia Europea de la Defensa (EDA) con una asignación presupuestaria con capacidad, cuestión clave, a la vez que se crea en junio de 2017 el Fondo Europeo de la Defensa con 5.500 millones de euros para impulsar las capacidades de defensa. Este fondo incentiva y permite el aumento del gasto de los países miembros, especialmente en aquellos que deseen liderar los principales programas, y repercutirá en un aumento del gasto en defensa, ayudando para llegar a ese 2%.

La inversión en I+D es superar el “cañones o mantequilla”, porque ni podemos ni debemos perder de vista que cuando nos preocupamos por la mantequilla o el gasto social, los cañones –es decir, la disuasión frente a las amenazas y la protección de nuestros intereses- están haciendo su trabajo.

 

 

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