La Unión Europea no ha priorizado durante décadas el desarrollo de las políticas que le permitieran convertirse en su propia proveedora de seguridad y, además, el objetivo establecido por la OTAN del gasto en defensa del 2% del PIB de los Estados miembros ha sido sistemáticamente incumplido. Pero, 2016 fue un año histórico en lo que a las oportunidades para la seguridad y defensa de la UE se refiere.

El Brexit y la victoria electoral de Donald Trump han producido, además de incertidumbre e inquietud en un escenario de graves retos de seguridad, el impulso político que la Unión necesitaba para avanzar hacia una Política Común de Seguridad y Defensa y la convicción de que ésta debe implementarse independientemente del sentido que tome la política exterior estadounidense hacia Europa. Ahora está por ver si el grado de compromiso político procurará las condiciones para que la UE y, por extensión el continente europeo, alcancen un grado óptimo de autonomía estratégica que permita garantizar su seguridad.

Bajo la perspectiva fijada por la Estrategia Global para la Política Exterior y de Seguridad de la UE, la Alta Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad de la UE, Federica Mogherini presentó en noviembre de 2016 un Plan específico de Seguridad y Defensa cuyos elementos fueron asumidos por el Consejo Europeo de Asuntos Exteriores el mismo día de su publicación y por el Consejo Europeo el mes siguiente. El Plan de Seguridad y Defensa es un documento que asume la necesidad de que los Estados miembros pongan en práctica iniciativas de innovación e inversión que permitan avanzar en la defensa europea. Contiene trece puntos de acción que articulan un nuevo nivel de ambición en materia de seguridad y defensa por parte de la Unión.

También, en noviembre del pasado año, la Comisión Europea publicó el Plan de Acción de Defensa Europea, que estructura la nueva idea del Fondo Defensa Europeo y que comprende dos ventanas interconectadas y relacionadas con la investigación en defensa y el desarrollo de capacidades.Y, por su parte, la UE y la OTAN acordaron avanzar en la Declaración Conjunta que habían firmado en julio de 2016 en la Cumbre de Varsovia, adoptando conclusiones para 42 puntos de acción.

Cabría destacar que los Estados miembros de la Unión representan el segundo mayor presupuesto del mundo en defensa, superado únicamente por EEUU. Sin embargo, los recursos económicos destinados por los Estados miembros a defensa duplican esfuerzos y las políticas proteccionistas impiden maximizar los beneficios de los presupuestos invertidos. En este sentido, un avance en materia de coordinación y eficiencia del gasto europeo dedicado a estos asuntos supondría un incremento de la relevancia militar europea a nivel global.

Respecto al Reino Unido, se ha significado como un tradicional obstáculo para el incremento de la integración europea en seguridad y defensa. Por ello, la Unión de los veintisiete podría abordar la oportunidad de realizar progresos en lo que a la Política Común de Seguridad y Defensa se refiere sin el hándicap de la oposición británica.

Además, será importante que los Estados desarrollen la cláusula de asistencia mutua (artículo 42.7 del Tratado de la Unión Europea), y trabajen por asentar las culturas de seguridad y defensa en sus países, que facilitaría el cumplimiento de un reparto más equitativo de los gastos de defensa por parte de todos los Estados miembros de la OTAN. Mientras tanto, los actores externos a la UE intentarán obtener el máximo rendimiento de sus vulnerabilidades y su nueva situación estratégica.

Ana Belén Perianes Bermúdez, Doctora en Seguridad Internacional

Imagen: Agencias / CSDP

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