El proceso del establecimiento de la Cooperación Estructurada Permanente (PESCO) comenzó con el Tratado de Lisboa, y siguió con un largo proceso de estudio y negociación que culmino con la decisión final de establecerla tomada por 25 países miembros de la Unión en la reunión del Consejo de Asuntos Exteriores celebrado en Bruselas el 11 de diciembre de 2017. Los únicos países que han quedado fuera de esta decisión han sido Malta, Reino Unido (en proceso de abandonar la Unión) y Dinamarca (que no forma parte de la PCSD).

Esta decisión fue calificada por el Servicio Europeo de Acción Exterior de la Unión como “ambiciosa e inclusiva”, mientras algunos analistas la califican solamente de “inclusiva”. Inclusiva lo es sin duda, ya que incluye a casi todos los miembros de la Unión a pesar de la baja capacidad militar de algunos de ellos. En cuanto a “ambiciosa” potencialmente también lo es, pero habrá que esperar al cumplimiento por parte de los países firmantes de los compromisos que han tomado, especialmente el aumento progresivo de sus presupuestos de defensa y su participación en los programas conjuntos de armamento que se propongan.

En su punto 6, el artículo 42 del Tratado de Lisboa dispone que “los Estados miembros que cumplan criterios más elevados de capacidades militares y que hayan subscrito compromisos más vinculantes en la materia para realizar las misiones más exigentes establecerán una Cooperación Estructurada Permanente“. Aquí es importante subrayar que la expresión “compromisos más vinculantes en la materia” se refiere a capacidades militares en sí mismas y no a un compromiso de participación en operaciones.

En conjunto, el Tratado de Lisboa orienta la actividad de la Cooperación Estructurada Permanente a aspectos de capacidades militares mientras mantiene prácticamente para la PCSD la limitación de las misiones a desarrollar por la Unión a aquellas ya acordadas en Petesberg en 1992. Con respecto a la Agencia Europea de Defensa, el Tratado amplía sus misiones en el campo de la Cooperación Estructurada Permanente entrando en aspectos más propios quizás de un Ministerio de Defensa o de un Estado Mayor Conjunto.

Así pues, la Cooperación Estructurada Permanente no se dirige directamente a avanzar en los horizontes que apunta el artículo 42 del Tratado de Lisboa referente a la definición progresiva de una política común de defensa de la Unión que podría conducir a una defensa común. Esto quedaría para un desarrollo posterior de la Política Común de Seguridad y Defensa, siempre dentro de la PESC. No obstante, sin una PESC más ambiciosa, integrada, y plenamente aceptada por todos los países miembros de la Unión Europea, la autonomía estratégica que ahora desea esta última no será más que un sueño y la PCSD algo poco relevante para conseguirla.

En cualquier caso, hay que reconocer que esta orientación hacia capacidades de la Cooperación Estructurada Permanente tiene toda la lógica a día de hoy y en el estado actual del proceso de integración europeo. Es elemental que antes de llegar a la voluntad política de tomar más responsabilidades en el terreno de su defensa, la Unión debería dotarse de los medios militares necesarios para poder hacerlo, suficientes en cantidad, calidad y tecnología. Estas capacidades militares no serían suficientes pero si imprescindibles para conseguir la autonomía estratégica que desea actualmente la Unión y también, porque no añadirlo, para contribuir con mayor vigor a la Alianza Atlántica en la que participan la gran mayoría de sus miembros y de la que depende actualmente la defensa de Europa, incluida la de la propia Unión Europea.

Además de todo lo dicho hasta aquí, podemos considerar la PESCO como un factor de cohesión en la Unión Europea de una importancia difícil de precisar pero con el potencial de dar un empujón al proceso de integración política, en estos tiempos tan necesitado de ayuda. El buen funcionamiento de la PESCO y el cumplimiento de los compromisos que los países miembros de la misma han tomado creara más empleo en los países de la Unión, ayudara a compartir y a fomentar la actividad de la industria europea de defensa, creará objetivos comunes, y favorecerá la confianza entre los países en una materia como la defensa tan ligada al ejercicio de la soberanía nacional. Todo ello no perjudica sino que favorece la integración política, y esto es un “valor añadido” de tanta importancia a largo plazo como los objetivos actualmente marcados oficialmente para la PESCO.

Por eso, bienvenida sea la PESCO y apliquémonos todos a que goce de buena salud en los próximos años. La labor de nuestros políticos debe dirigirse ahora a la PESC, que nos debe marcar una política exterior integrada de la Unión. Si eso sucede se liberarían muchas de las trabas que ahora nos impiden avanzar en la Política Común de Seguridad y Defensa y, en conjunto, todo ello sería un enorme avance en el proceso de integración política.

TG EA (R) Eduardo Zamarripa, Ex-Representante militar de España en OTAN 

Análisis Nº195 | Las opiniones expresadas son de exclusiva responsabilidad del autor.

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