La política de seguridad de Japón ante los nuevos desafíos

Si hace apenas unos meses hablábamos del 70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial, pronto Japón conmemorará los 70 años de vigencia de la Constitución de 1947. En el corazón mismo de la Carta Magna japonesa se encuentra su célebre artículo 9, por el que el país renuncia definitivamente a la guerra como medio de solución de controversias al tiempo que se establecen severos límites para el desarrollo de su política de Seguridad y Defensa.

A punto de cumplir 70 años, muchas cosas han cambiado en el mundo y aún con mayor rapidez, muchas cosas han cambiado en el marco regional que afecta más directamente a Japón. El fin de la guerra fría y su equilibrio bipolar, la emergencia de China, la proliferación nuclear de un régimen como el de Corea del Norte, las disputas territoriales en el Mar de China Meridional… Desgraciadamente, no podemos afirmar que el entorno geoestratégico en Asia-Pacífico sea plenamente estable y carente de zonas y ámbitos de potenciales conflictos.

Por otro lado, también hay nuevos desafíos globales como el terrorismo internacional, la seguridad marítima, la ciberseguridad; entre otros, frente a los cuales Japón no puede cerrar los ojos. Los desafíos globales y regionales afectan directamente a la seguridad del pueblo japonés y por ello el país debe adaptar sus mecanismos de seguridad en el marco de la constitución pacifista de 1947. Esta adaptación de la política de seguridad ha despertado algunos recelos en países vecinos y también, en amplios sectores de la opinión pública japonesa. Sin embargo, el tiempo y la propia realidad de los hechos, irán confirmando que el rumbo emprendido es el correcto. Japón no podía seguir ausente ante los nuevos retos regionales y globales.

Aunque el debate viene de lejos, podemos fijar el año 2013, con la publicación de la Estrategia de Seguridad Nacional y la subsiguiente creación del Consejo de Seguridad Nacional, como el punto de partida de los cambios en la política de seguridad japonesa. Por cierto, Japón no es un caso aislado si hablamos de la revisión de las estrategias de seguridad. No en vano, España aprobó su primera Estrategia de Seguridad Nacional ese mismo año. Posteriormente, en el mes de julio de 2014, el Gobierno estableció una nueva interpretación del artículo 9 de la Constitución japonesa para habilitarle a ejercer el derecho de autodefensa colectiva en casos muy concretos y bajo una serie de estrictas condiciones.

En abril del año 2015, Japón y EE.UU acordaban las Nuevas Directrices para la Cooperación en Materia de Defensa, que refuerzan los mecanismos de coordinación al tiempo que se amplían los ámbitos de cooperación. Finalmente, y tras un intenso debate social, en septiembre de 2015, se aprobaba definitivamente la Nueva Legislación de Paz y Seguridad. Esta nueva legislación, que entrará en vigor a finales de marzo de 2016, permitirá a Japón una mayor cooperación con otros países en misiones internacionales al tiempo que refuerza la propia seguridad interna del país.

Todos estos cambios no responden a un capricho coyuntural del Primer Ministro Abe ni a una maniobra política de corto alcance. No se ganan votos en Japón poniendo en marcha estas reformas, más bien lo contrario a corto plazo. La pregunta que debemos hacernos es si realmente esta reforma era necesaria en la coyuntura actual. Transcurridos 70 años desde el fin de la II Guerra Mundial y casi 70 desde la aprobación de la Constitución de 1947, la respuesta es “sí”. El tiempo dará o quitará razones, pero un breve repaso a la actualidad diaria en la región y en el mundo, nos permiten afirmar que los cambios acometidos van en paralelo a las necesidades del momento histórico. 

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Toshiya Hoshino, Vicepresidente de la Universidad de Osaka y experto en temas de seguridad

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Fotos: Reuters / US Marine Corps

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