El precio del miedo

Análisis 301

4 Enero 2026

Es natural sentir miedo a la guerra y tener aversión al riesgo cuando hay vidas humanas en juego. El espectro de las guerras mundiales sigue presente en Europa. Pero hay un principio primario, instintivo, que nos afecta como individuos y como sociedad que no se puede soslayar si queremos sobrevivir como proyecto de vida en común: el miedo no puede guiar nuestras decisiones colectivas.

El miedo occidental y europeo impidió proporcionar aviones y tanques de combate en el momento decisivo de la contra-ofensiva ucraniana contra Rusia, justo en la hora de mayor desconcierto, retirada y crisis de aquélla, coincidiendo con la gravísima rebelión interna de Prigozhin y las tropas mercenarias de Wagner.

Desde entonces, Rusia no sólo ha resistido el embate y frenado la contraofensiva ante la vacilación y lentitud de las decisiones tomadas por los aliados de Ucrania –con la honrosa excepción de Dinamarca- en el suministro de material bélico, sino que ha reganado una ventaja territorial y una posición de fuerza que envalentonan a Putin y pueden desbaratar una posibilidad de paz real porque la baza ganadora a finales de 2025 y comienzos de 2026 la tiene Rusia. Ésta se atreve incluso a violar la soberanía territorial aérea europea (drones) o a posicionar misiles de largo alcance en Bielorrusia.

El miedo europeo ha impedido la financiación de Ucrania con el dinero del agresor incautado y depositado en Euroclear, obligando a un compromiso generoso y solidario de la UE mediante la emisión de deuda, pero que se realizará a costa del contribuyente europeo, un contribuyente que está muy necesitado de unos recursos públicos de por sí escasos.

Recursos que podrían emplearse, por ejemplo, en el diseño de una política europea de vivienda que cubra una demanda vital de jóvenes y adultos, cuyas repercusiones a largo plazo son determinantes para que las personas aspiren a tener un techo a un precio razonable que les permita formar familias y contribuir a evitar una caída de la natalidad dramática, con impacto directo en la sostenibilidad de las pensiones y del Estado del Bienestar en general.

Lo peor de la negativa belga, encabezada por un presidente representante del nacionalismo flamenco, que no se caracteriza, precisamente, por contribuir a la cohesión del Estado belga, junto con la de otros líderes que han expresado sus temores y reticencias, es que parece que se vuelve a ceder a la amenaza y el temor a las represalias rusas. Como expresara el novelista y corresponsal de guerra español, Arturo Pérez-Reverte, “Putin (y Medvédev) le tienen tomada la medida a Europa”.

El ”bullying” en el colegio o el silencio y la sumisión que imperan en barrios donde el crimen organizado o el narco empiezan a campar a sus anchas en España y Europa se forman todos ellos por el miedo paralizante que consiguen infundir los agresores en las víctimas: es el precio del miedo. La misma lógica impera en la Rusia de Putin, en la que se premian la ley del más fuerte y se penalizan la debilidad o el miedo. Por la rendija del miedo se horada la confianza en la democracia y sus instituciones y se cuela la semilla del populismo y el autoritarismo.

Europa como ideal y la UE como su encarnación jurídica-política-económica han tomado decisiones puntuales valientes frente a Rusia, pero no podremos perdurar si somos presas del miedo cada vez que Rusia amenace con una represalia. De lo contrario estaremos a merced de los autoritarios o “bullies” de turno, ya se llamen Donald, Xi o Vladímir. Y con razón nos acusarán de decadentes y débiles.

Es el precio del miedo.

Jorge Salvadores
Experto en Análisis de Inteligencia para la Seguridad

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