La importancia estratégica del Golfo de Guinea

Análisis 258

El 9 de mayo se produjeron dos nuevos ataques piratas a buques mercantes en aguas territoriales de Guinea Ecuatorial, que se saldaron con el secuestro de cinco marinos. Si bien la tripulación no suele ser el objetivo de los piratas que actúan en la zona, los informes del ICC International Maritime Bureau anuncian una tendencia cambiante en los últimos años.

La técnica tradicional de robar la mercancía trasladada por las grandes naves está siendo combinada con los secuestros, lo que no hace más que aumentar las ganancias de los asaltantes. No obstante, a lo que debemos prestarle más atención, es al hecho de que la inseguridad marítima persiste en la zona, a pesar de los esfuerzos internacionales, incluidos los españoles, y a que no se ha frenado por el hecho de que exista una pandemia mundial.

La piratería del Golfo de Guinea es una consecuencia de la inestabilidad política, económica y securitaria de la región. Los objetivos principales de estas redes son, por un lado, el robo de petróleo y mercancía, y, por otro, el tráfico de personas y otras sustancias ilegales. Estos grupos locales suponen una amenaza mayor por sus conexiones con otros grupos de crimen organizado, dedicados al narcotráfico, las migraciones ilegales por mar y el tráfico de armas. Todas estas actividades son posibles por el conglomerado de problemas comunes en la zona, tales como los conflictos violentos no resueltos, la pobreza y la corrupción, y cuyo vacío de poder legítimo crean el caldo de cultivo perfecto para que las actividades criminales puedan emerger y consolidarse.

Esta situación perjudica directamente a los intereses estratégicos de España en África Occidental, los cuales han ido creciendo debido a la necesidad de diversificar y sustituir a los suministradores de petróleo y gas habituales sumidos en conflictos y crisis, como Libia, Argelia o Irán. Actualmente, más del 20% del crudo que importa España proviene de países del Golfo de Guinea, entre los que destaca Nigeria, siendo nuestro mayor proveedor con el 16,9% de las importaciones, y quien, además, nos proporciona el 11,1% del gas natural que compramos. Además, esta región muestra un alto potencial de explotación futura, por lo que su importancia estratégica seguirá creciendo. Por otro lado, el protagonismo del petróleo y del gas de los Estados del Golfo de Guinea se ha visto favorecido por la relativa facilidad de transporte y conexión con el territorio español. Así pues, la interrupción del suministro supondría un problema de seguridad energética para nuestro país.

España también tiene intereses en frenar a las redes de crimen organizado relacionadas con el narcotráfico y el tráfico ilegal de personas. Se trata de la segunda puerta de entrada principal a Europa de la cocaína, sustancia que suele ser enviada desde América del Sur al Golfo de Guinea, y desde allí distribuida a Europa. En cuanto al tráfico de personas, la ruta del Mediterráneo Occidental se ha convertido en la más transitada debido al cierre de fronteras en el este de Europa y al control de la ruta central por la presencia de la misión europea EUNAVFOR MED IRINI.

Teniendo en cuenta estas amenazas y los intereses, no es de extrañar que sea el segundo país europeo que más unidades militares aporta a las misiones internacionales conjuntas en África Occidental. De este modo, dentro de la Estrategia y Plan de Acción de la UE en el Golfo de Guinea, España participa en el proyecto GoGIN (Red Inter-Regional del Golfo de Guinea), que apoya el establecimiento de una red regional eficaz de intercambio de información. También colabora en el Grupo G7++ de Amigos del Golfo de Guinea, y en iniciativas estadounidenses como la African Partnership Station o la Obangame Express, enviando patrulleros que velen por la seguridad de las aguas de la región y formen a las Armadas locales.

Además, España mantiene relaciones bilaterales de seguridad cooperativa con países de la región como Mauritania, Gabón, Ghana, Senegal y Cabo Verde, dentro del Plan de Diplomacia de Defensa. Dicha cooperación se cristaliza con el envío de un buque al Golfo de Guinea, donde patrulla durante seis meses aproximadamente, para realizar operaciones de seguridad. Sin embargo, el buque “Audaz”, que zarpó el 1 de marzo, tuvo que regresar a la Península el 14 de abril sin poder terminar la misión debido a la crisis del COVID-19. Este repliegue es significativo y podría ser interpretado como falta de credibilidad y compromiso.

¿Qué convendría hacer ahora? Ante esta situación, se debería continuar tratando de mejorar la gobernanza y estabilidad de esta zona calificada como de “estratégica”, no sólo a través del refuerzo en la seguridad, sino con una estrategia que incluya la cooperación al desarrollo y el fortalecimiento de capacidades en los Estados frágiles. Si bien estos esfuerzos, y los del resto de la comunidad internacional, pueden llegar a dar sus frutos, hasta el momento la piratería y el crimen organizado en la región han continuado con su tendencia de altibajos, a diferencia de lo ocurrido en África Oriental, donde se acabó con la piratería somalí con misiones como la Operación Atalanta, en la cual España destacó por su liderazgo.

Por ello, es imporante mantener las operaciones en el Golfo de Guinea a lo largo del tiempo, aumentar la cooperación con los gobiernos de la región, aprovechar nuestra posición estratégica de las Islas Canarias para coordinar con la Unión Europea y la OTAN una vigilancia permanente y, en la medida de lo posible, aumentar los recursos destinados a éstas.

Isabel Renedo Colás

Las opiniones de este análisis son de exclusiva responsabilidad de su autor.

Foto: Parlamento Europeo /  ©Belga/AFP 

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